Su historia nuestra historia, Mujeres con mucho que decir.

Queremos hacer un homenaje a mujeres admirables, conocidas unas y anónimas otras.
  

Hoy comenzamos con una gran mujer, que no le importaba estar en la sombra, ni perder su nombre en sus obras, 
Dª María de la O Lejárraga, 28 de diciembre de 1874 – 28 de Junio de 1974.
Una mujer que parece marcada por nacer el día de los Santos Inocentes, ya que su vida muy intensa y muy interesante fue como una inocentada después de su matrimonio con Gregorio Martínez Sierra. Llegando a ser conocida como María Martínez Sierra.
Era emprendedora, inteligente, musa, comprometida políticamente,trabajadora incansable, y discreta.
Empezó siendo maestra ya que había estudiado magisterio y llegado el momento impulsora del movimiento feminista en España.

Pero lo más importante es que se casó con Gregorio Martínez Sierra, autor de éxito que ya en su momento muchos de los profesionales relacionados con el mundo de la cultura sospechaban que su reconocimiento era en realidad de ella, de su mujer. De ahí la importancia.


María desde muy temprana edad conoció a los clásicos españoles. Lo que no le impedía hablar perfectamente francés y leer libros en inglés y alemán.


María de la O Lejárraga, mujer culta y acomodada, participó en el Comité General contra la Guerra y el fascismo, ella se definía como «Una simple soñadora» . Y desde luego que  lo era , con la perspectiva del tiempo creo que vivía en un sueño permanente por Gregorio. Ella le definía como «Su inteligencia gemela»

Gregorio Martínez Sierra era muy famoso en su tiempo, vinculado a obras musicales y con personalidades como Falla y Turina. María siempre discreta nunca desveló un secreto a voces. 
Incluso existe un escrito, donde Gregorio afirma y firma que 
«Declaro para todos los efectos legales que todas mis obras están escritas en colaboración con mi mujer Dª María de la O Lejárraga y García, y para que conste firmo esta en Madrid a 14 de abril de 1930″


María de la O Lejárraga discreta ante el éxito se sentía cómoda. 
Contaba que se hizo un juramento, cuando escribieron  su primer libro, él lo celebró con champagne en una fiesta en casa, ella en cambio, como venía de una familia de grandes lectores lo vieron como algo normal, lo que le molesto un poco y por eso les dijo a su familia que nunca volverían a ver su nombre en la cubierta de un libro. Esta promesa la mantuvo hasta el fallecimiento de Gregorio, aunque ya estaban separados desde hacía muchos años. 
Pero parece ser que esta historia no resultaba muy creíble a todo el mundo.
Su padre era un médico rural, preocupado por la realidad sanitaria, y durante unos años fue médico de una zona muy conocida y extensa, Carabanchel en Madrid.



Adoraba a su familia y se nota en que fue una niña feliz, hasta los 13 años no fue a ninguna institución educativa, su madre se ocupaba de ello. Completó sus estudios en Madrid, acudiendo a la escuela normal para sacarse el título de profesora de idiomas.
Desde pequeña le apasionaba el teatro, por eso, cuando un verano conoció a Gregorio en «los carabancheles» conectaron rápidamente, él era un apasionado del teatro, siete años más joven, agnóstico y con una formación inferior a María.

A partir de ese momento, empezaron a colaborar juntos, primero con unos libros  didácticos, continuando su relación hasta el matrimonio. Un matrimonio con mucha atracción intelectual recíproca, unidos por su pasión por lo literario.


Juntos amplían su círculo de amistades, a través de una revista donde Gregorio es el director y María la que organiza, sus amigos y colaboradores son Benavente, Pérez de Ayala, Pardo Bazán, los hermanos Alvarez Quintero etc.


Juan Ramón Jiménez, también escribía para ellos. Mientras Gregorio, algo enfermizo, comenzaba otra vez con la tos, una tos que a la familia de él le había causado perdidas personales. Ante eso y para mejorar la situación física de Gregorio, María sin decirle nada solicitó una beca para el extranjero.


Para María, Juan Ramón Jimenez representaba el ideal de fraternidad entre hombre y mujer. Pero pasados unos años, esta amistad tuvo una ruptura brusca, según sus propias palabras » por una felonía de Juan Ramón» 
Se volvieron a ver cuando él estaba en un hospital de Washington, y aclararon lo ocurrido unos años antes. Ella siempre tan generosa.

En este viaje al extranjero con Gregorio para que mejorase de su dolencia, María conoce a Manuel de Falla, que estaba intentando estrenar la Vida Breve en París. Falla estaba con problemas económicos, y a apartir de aquí su amistad fue duradera y confidencial. María fue una musa para Falla, de él decía que «Falla era un católico voluntariosamente convencido»
Pasados los años y sabiendo de las  dificultades económicas de D. Manuel, ella pensó que había que ayudarle, y la forma de hacerlo fue con «El Amor Brujo», y más adelante «El Sombrero de tres picos» 


Después de París, viajó ella primero a Roma y 30 días después fue él (por un affair). Estando allí, en un periódico leyó una noticia que le impacto, que en una iglesia, en la pila bautismal apareció una niña recién nacida, ella al leer esa noticia pensó que en España a la niña la dejarían en un convento. Esta anécdota dos años más tarde se convirtió en una obra.


María compensaba sus penas de amor por Gregorio, levantándose a las cinco de la mañana para escribir, y jugando a recordar lo bueno, sólo lo bueno.
Gregorio tenía una relación con la actriz Catalina Barcena, y cuando la actriz le dio una hija, él se marchó de casa en 1926, y María cumplió su máxima de respeto y libertad, nunca habló mal de Catalina.


Cuando escribió Canción de Cuna , dos años después del suceso de Italia, ya llevó el nombre de Gregorio… ella estuvo en el estreno en el Teatro Lara entre el público, viendo el éxito desde la platea. La Real Academia le dio el premio de la mejor comedia del año, a Gregorio claro.


Después de la separación, María escribía para Gregorio y para Catalina, que interpretaba los papeles protagonistas. Era una «empresa» por llamarlo de alguna forma de tres, donde cada uno tenía su papel, el más relevante era el de María, aunque pueda parecer lo contrario, ya que a día de hoy sabemos que la mayoría de las obras atribuidas a su marido las escribió ella.

Todo esto se sabe, por unas epístolas encontradas en Buenos Aires, donde se exilió y murió María, y que le escribía Gregorio. Donde se desvela la verdad. Eso sí, él siempre la llamaba «vida mía» «Niña mía» y era muy cariñoso.
Gregorio ve una oportunidad en el cine , y se lo comunica, más adelante ella también lo intentará.

Su situación la llevó a reflexionar sobre el papel de la mujer en la sociedad que le había tocado vivir. Pero ser feminista en su época era complicado, no había un movimiento feminista organizado como en algunos países de Europa o de America, aún así escribió seis libros sobre el feminismo, donde intentaba convencer a las mujeres de España que ser feminista es un proyecto intelectual y político y que además se compagina perfectamente con la feminidad.

Estaba comprometida con la política, y cuando le llamó Fernando de los Ríos se comprometió más, en 1933 votaron por primera vez las mujeres, y ocupo el segundo puesto en las listas. En 1934 se significó políticamente aún más.
Cuando el 17 de octubre de 1936 salió de su casa de Madrid para ir a la legación de Berna como agregada comercial, nunca pensó que no volvería. 
Mientras Gregorio y Catalina estaban en America y desde allí enviaron ropa y alimentos a María.
Gregorio si volvió a España, donde murió en 1947, María decidió a partir de 1939 no volver a España con el nuevo régimen surgido de la guerra. 


Del fallecimiento de Gregorio se enteró por la Radio en su exilio.


Desde Niza se marchó a New York, y de allí a Hollywood pensando en una oportunidad con Walt Disney, continuó su viaje a México y en Buenos Aires es donde encuentra lo que
buscaba. Una vez asentada, escribe el libro Gregorio y Yo,medio siglo de colaboración. A partir de ese momento continúa su labor literaria ya superados los 80 años.  





A Gregorio siempre se refería como su «alma gemela».





Y no fue hasta la muerte de María con casi cien años, cuando las cartas salieron a la luz, al enviarse desde Buenos Aires a sus herederos españoles. Fue entonces cuando  se descubrió  el engaño de tantos años.


Se piensa que no las rompió para dejar un legado.

























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