Las mujeres que nos abrieron paso.

En relación al primer Congreso de la
Mujer de AEMME quiero traeros una historia personal.
La historia de una mujer que formó
parte de las primeras generaciones de mujeres universitarias en España, mi
abuela Pilar Echauri.
Licenciada en Químicas, entró a la
universidad en 1942, en un contexto en el que había muy pocas mujeres que
fuesen a la universidad y menos todavía que entrasen en ramas de ciencias.
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Proveniente de una familia riojana
clásica, y en un ambiente de posguerra, mi abuela tenía pocas probabilidades de
haber podido tener una educación progresista, pero tuvo la suerte de tener un
padre militar que añoraba un hijo varón, porque tuvo solo hijas y que, siendo él muy
machista, alcanzó a ver que él no quería que un hombre subestimara a sus hijas como
él subestimaba a su mujer. No sé si fue por amor de padre, por reflexión de
género o por orgullo masculino, pero mi bisabuelo tuvo la revolucionaria
actitud de decirle a sus cuatro hijas que ninguna se casaría hasta no tener un
título universitario; decisión que posteriormente liberaría y salvaría a mi
abuela y a toda su descendencia.
Mi abuela siempre tuvo, y mantiene,
una mente brillante, con 94 años manda whatsapps y mails como una millenial y
el día que le enseñamos a usar internet hace años, lo primero que hizo fue
buscar en google un teorema matemático (la hipótesis de Riemann) que había
visto en un documental de la 2 porque, en palabras textuales, “quería ver si
era tan difícil e irresoluble como decían” (según admitió después de un rato,
“sí, es bastante complicado”).
Gracias a ser una mujer formada ha podido
desarrollar su intelecto y ser un referente para todas las mujeres de mi familia,
nos ha enseñado a ser independientes, luchadoras y a no aceptar dócilmente que
nos limiten el puesto o las posibilidades.
Echando la vista atrás, el contexto
histórico que vivió mi abuela es algo que nos resulta imposible de concebir y
pienso que es increíble lo que hemos andado, aunque todavía quede tanto por
andar. En la época tan solo de nuestras abuelas, una mujer no podía tener una
cuenta bancaria ni un piso a su nombre, no podía viajar sin consentimiento del
padre o marido, la gran mayoría no tenían estudios superiores y mucho menos una
profesión.
Mi abuela se casó con mi abuelo, un
arquitecto con el que tuvo nada menos que siete hijos, (dentro de las grandes
virtudes que me ha enseñado mi abuela también está una fuerte identidad sexual
sin tapujos y bien ejercida). Pero tuvo la desgracia de quedarse viuda muy
pronto, con los siete hijos a cuestas ella sola.
En esa situación durísima, el que mi
abuela tuviese una carrera y pudiese tener acceso a empleos con un buen sueldo
salvó a toda la familia de la indigencia, porque ¿qué hubiese pasado si mi
abuela no hubiese tenido formación? ¿Qué hubiese hecho con siete hijos sola? Se
los hubiese tenido que ceder a otros familiares, desmembrar la familia y haber
vivido un auténtico drama personal de extrema pobreza y dependencia o de
trabajos esclavos.
Eso es lo que genera dejar a una
mitad de la población sin recursos de independencia económica y gestión y es a
lo que se vieron abocadas muchísimas mujeres que, como mi abuela, vivieron la
guerra y la posguerra. Ahí es donde la importancia de la perspectiva de género
se hace palpable.
Podemos estar más o menos de acuerdo
con cómo se han hecho las cosas, podemos tener la conciencia firme de que hay
mucho que hacer y equilibrar y ni mucho menos esta todo apañado… pero, desde
luego, el camino recorrido por nuestras predecesoras, entre ellas mi abuela, ha
tenido un gran mérito y ha sentado unos pilares sobre los que poder seguir
construyendo.
El modelo que ellas lucharon por
cambiar es un modelo que no compensa. Obviamente el que los roles estén mal
repartidos es agotador, y aunque puede que contar con que el hombre cargue con toda
la responsabilidad económica fuera, hasta cierto punto, “relajante” , no
compensa el sometimiento que eso conlleva, no compensa la falta de libertad, la
falta de desarrollo personal y el enorme desperdicio ignorado de nuestro inmenso
potencial al que estábamos relegadas, solo por el hecho de ser mujeres y estar
destinadas a cuidar hijos.
Podemos discutir mucho sobre
nuestras diferentes funciones fisiológicas, y el que eso nos predisponga más
para unas tareas que otras, pero el problema nunca ha sido ese, el problema ha
sido siempre la no atribución económica a las tareas que desempeñan las mujeres,
sean las que sean, y la falta de acceso a la formación intelectual y desarrollo
propio a la que se nos sometió sistemáticamente. Considero que ese es el
problema más grave de injusticia de género que se ha hecho. Bajo el falso
paternalismo y protección, se esconde un miedo intrínseco a la libertad y el
potencial de las mujeres y una inseguridad masculina profunda. Y ese miedo y
sometimiento es el que hay que superar.
Yo siempre agradeceré a mi abuela
habernos dado su ejemplo de brillantez intelectual y de superación, es un
aspecto que ha permeado a todas las mujeres de mi familia y que para mí tiene
un valor incalculable al darme siempre el ejemplo de que sí se puede.
Porque si, como dicen algunos, “las
mujeres antes estaban mejor”, ¿por qué no queremos volver ninguna a ese modelo?
autora: ZOE
Firma invitada
#elcanaldelacomunicacion

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